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Creo que la teoría de la relatividad fue descubierta por un hombre para los hombres. Todo para ellos es relativo. Y por encima de todas las cosas, para ellos son relativos dos conceptos que a mí me parecen del todo ABSOLUTOS (el primer antónimo de relativo que aparece en mi diccionario): la suciedad y el tiempo. A lo que añadimos los verbos querer y tener que.
Pondré ejemplos. No personifiquéis en J, creo que en este caso, podemos generalizar pero tranquilamente. Y el que no lo haga, que no se sienta identificado ni entre en cólera.
Este fin de semana, han venido mis abuelos de visita. Quería tener la casa perfecta, la cena perfecta y todo perfecto.
Viernes noche, hago un bizcocho de zanahorias. Hago la lista de la compra para un arroz caldoso que quería preparar para cenar el sábado. J va la compra. Vuelve con cara de triunfo, pero con en vez de lo que le había pedido, otra cosa. Hay que explicar, que a J no le gusta nada el pescado, por lo que todo lo que viva por debajo del nivel del mar, le importa tres pitos. Por eso, en vez de 300 gramos de almejas, trajo 300 gramos de almejas más grandes porque de las “normales” no tenían: abro la bolsa y me encuentro mejillones del tamaño de un Ford Fiesta. Por suerte no trajo trescientas merluzas. En cualquier caso, ese no es el tema.
Para explicarlo un poco mejor, pondré un ejemplo de cómo verían Marina y José Luis lo que pasa el sábado por la mañana en una casa ante la visita de un familiar:
Marina: mañana hay que levantarse pronto porque hay que limpiar y dejar la casa perfecta.
Lo que José Luis oye es en vez de un “hay que” es un “quiere” (del verbo querer, de que le apetece, por lo que si le apetece que lo haga, porque no “hay que”). Es decir para José Luis, Marina dice: “Mañana QUIERO (es más lo estoy deseando) levantarme pronto porque quiero limpiar (no porque la casa esté sucia, sino porque así es como mejor paso yo los sábados por la mañana) y cocinar, porque QUIERO cocinar en vez de traer unas pizzas).
Por lo tanto Marina se levanta pronto, según José Luis ha entendido, porque quiere.
Segunda parte: José Luis no soporta el pescado, por lo que Marina que lo sabe, hace todo lo que puede por la mañana, sin empezar a cocinar para que no se levante apestando toda la casa a marisco.
Como José Luis el sábado por la mañana no da señales de vida y parece que más que duerme, hiberna, Marina le lleva el desayuno a la cama porque TIENE (del verbo tener no querer) que empezar a preparar la comida que lleva pescado y no quiere (del verbo querer, no tener) que su maridito desayune tranquilamente sin que parezca que está en una piscifactoría y el zumo de naranja se convierta en fumet.
También se lo lleva para ver si así, siendo ya las 12.30 se levanta.

José Luis abre un ojo y le da las gracias, por lo que intuimos que sigue vivo. Se da la vuelta y sigue durmiendo.
Marina se pone a cocinar. Cuando termina sigue limpiando. 13.30 y los familiares llegan a las 15.20.
13.45 José Luis se levanta. Entra en la cocina y ve la cocina hecha un desastre fruto de que está habiendo mucha actividad por ese sector de la casa. Una aspiradora plantada en el pasillo, y “herramientas” de limpieza.
“Me voy a la ducha”, dice con una sonrisa de recién levantado.
Marina se mira a sí misma, apestando a la maravillosa cena, con una escoba en la mano y hecha unos zorros.
Cuando ya han pasado tres cuartos de hora, Marina se acerca al cuarto y se encuentra a José Luis metido en la cama después de ducharse.
Se pone morada. Se le suicida la cara. Y en ese momento José Luis entiende que no es QUIERE si no HAY QUE. Se levanta y murmulla “Pero… ¿qué había que hacer?”. La respuesta de Marina es seca: limpiar y cocinar.
José Luis dice “ah bueno, pero si tenemos tiempo”… 14:45. A lo que Marina responde “TENEMOS tiempo porque yo he empezado a las 11.00”, sino lo hubiera hecho, tú no tendrías tiempo.
A lo que José Luis responde que la casa no está tan sucia. Efectivamente no está tan sucia. Pero lo está un poco. Y para que no esté TAN sucia, hay que limpiar hoy.
Conclusión: los hombres oyen lo que quieren. El umbral de suciedad es relativo para ellos. Sucio no existe. Existe TAN sucio para justificar o ASQUEROSO, cuando ya no se puede ni respirar. No entienden que para que nunca esté ni TAN sucio ni asqueroso, ni siquiera el nuievl de suciedad que ellos consideran como acogedor, hay que hacer algo con una determinada periodicidad.
Para los hombres no existe HAY QUE. Hay que será porque quieres.
Y para los hombres, siempre hay tiempo. Porque una hora de un hombre, tiene 120 minutos, y no 60, si su mujer se levanta una hora antes.

Lo peor de todo es que estoy convencida de que José Luis realmente no ve la suciedad y realmente cree que tiene tiempo.

A mí que no me digan que somos iguales.

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Ayer por la noche, después de un fin de semana de intenso bricolaje intentando disimular el pasillo verde, me fui a dormir pronto, y me puse a ver Superman Returns que nunca la había visto. El caso, es que mientras alucinaba con lo mayores que son los protas al lado de Smallville, empecé a oír una discusión. Bajé el volumen al máximo. Abrí una rendija de la ventana y agudicé el oído. Esto es lo que escuché (lo nombres de los personajes los he cambiado en un arranque de que no me pillen):

  • Mariana: No, no, no. José Luis, no. No te lo tomas en serio. No tienes interés.
  • José Luis: A ver ¿cómo que no tengo interés? ¿No llevo toda la semana diciendo las ganas que tengo de verte?
  • Mariana: Para mí, tener ganas de ver a alguien, no es ir a ver el Barça. José Luis, yo ya no estoy para esto.
  • José Luis: Pero Mariana…
  • Mariana: no, no no. José Luis, no. Tenemos que hablar. Ver un partido del Barça, no es estar juntos.
  • José Luis: Pero Mariana si casi no miraba la tele. Además, el martes fuimos a ver el Barça y no me dijiste nada.
  • Mariana: el martes fue distinto, porque tú me dijiste que si quedábamos y YO te dije que si querías podíamos ver el Barça.
  • José Luis: Pues eso.
  • Mariana: No José Luis (pausa larga, dramática, casi pienso que me oyen respirar). No. Hoy te he dicho: Quedamos? Y tú me has dicho: OK, pero juega el Barça. Como si fuera un problema!!!!! Porque para ti es un problema verme si juega el Barça. Y además lo del martes era UNA PRUEBA!!!! (A partir de ahora LPPP – La Prueba Primera Parte) Hijo es que te lo tengo que explicar todo! Una prueba para ver si quieres más al Barça que a mí.
  • José Luis (ojiplático): No, pero como el martes no te importó, pensaba que hoy tampoco y podríamos verlo juntos (lo que realmente piensa es “a ver si cuela”)
  • Mariana: No entiendes nada José Luis. Si quedamos es para hablar, para vernos… Eso es una relación!!! No tomarse una cerveza viendo el Barça. Hay que COMUNICARSE.
  • José Luis: pero… no entiendo nada (efectivamente, el pobre no entiende nada).

J que ya había entrado en la habitación se estaba ahogando de risa. Por un lado por el dramatismo de la situación de la pobre pareja y por otro, por qué no reconocerlo porque en una pequeñísima parte, puede que nos sintamos un poco identificados. Es mucho exagerar pero está claro el estereotipo de compartir para los hombres y las mujeres. Perdón por la generalización, pero a quien no le guste que no siga leyendo.
El pobre José Luis, el martes se fue a dormir tan feliz pensando que a su novia Mariana le encantaba ver el fútbol con él, ya que no había puesto ningún problema. Es más lo había propuesto ella. No sabía que estábamos hablando de LPPP.
Por eso, después de una semana de whats apps y sms romanticones de cuánto te echo de menos, qué ganas tengo de verte… el fatídico domingo, en el que se celebraba el Barça-Atlético de Bilbao, José Luis se levantó pensando qué suerte tenía de tener una novia que le propusiera ir a ver el Barça y que seguramente hoy lo irían a ver juntos.
En el otro lado del campo, Mariana después de quedarse alucinada porque el martes su novio no se diera cuenta que lo de ese día (preguntar con la boca pequeña si quería ver el Barça) era una trampa, había pasado la semana pensando que como le llegara un mensaje más de qué ganas tengo de verte le asesinaría, sino le enviaba otro que dijera: Siento lo del martes. (¿El qué? Está claro!! Que José Luis dijera que sí a su pregunta de si quería ir a ver el fútbol, cuando claramente era una pregunta trampa y tenía que haber dicho que NO).
Mariana empieza a pensar que este hombre, no se preocupa por ella. Que él debería haber dicho que claro que NO quería ir a ver el fútbol el martes. Que preferiría compartir una coca cola light en un bar, mirándose a los ojos y hablando del futuro. Por eso, Mariana el domingo se levantó furibunda. Porque lo veía venir. Porque ella es una visionaria.
Llamó a José Luis, en lo que podríamos llamar LPSP (La Prueba Segunda Parte) y le preguntó con voz angelical pero rasgando con las uñas la encimera de la cocina: “¿Quedamos hoy?” A lo que José Luis, vestido de Cesc Fábregas respondió del otro lado del hilo telefónico “Sí, pero juega el Barça”. Fin de la historia. Mariana llena de ira, se lo calla. Y así, como somos muchas de naturales, queda con José Luis. Va a ver el Barça. Se toma su Coca Cola Light. Ella misma se va poniendo blaugrana por momentos ante la felicidad de José Luis. Le mira. No entiende cómo no puede saber que está enfadada. Termina el partido. Con el gesto gélido Mariana se sube en la moto para que José Luis le lleve a casa. Él le habrá dicho él algo así como “Lo he pasado muy bien” y entonces Mariana, estalla. Es aquí donde yo he entrado en escena.
Conclusión: hay una vida en las parejas ADB (antes del Barça – sustitúyase Barça por cualquier equipo e incluso por F1, Los Simpson, Padre de Familia, Pelota Vasca…). Pero también hay más cosas claras:
• Para los hombres compartir es la definición amplia de la palabra: se comparte el tiempo, el aire, una cerveza. Es decir, J y yo ahora mismo estamos compartiendo: vivimos en el mismo país.
• Para las mujeres va más por: compartir es que durante tres horas, me cojas la mano. Me mires a los ojos. No hagas caso a NADIE MÁS y me digas lo felices que somos juntos. Esto es compartir una tarde. Compartir es también una cena en casa de TUS amigas. O una comida con TUS padres. Eso es compartir.
• No vivas en un primero porque oyes todas estas cosas.
• Las ventanas de mi cuarto son muy delgadas.
• Efectivamente Smallville es a Superman Returns, como Gossip Girl a Amar en Tiempos Revueltos.
Cuando preguntas “¿hacemos algo juntos?” Una respuesta masculina sería “María, vivimos juntos”. Y tan ancho.

La Mudanza. El retorno.

En shock estoy, y algunas amigas lo saben, porque al parecer he estado viviendo de oKupa en mi nueva casa una semana.

Hace mucho que no escribo, lo sé. Pero no he tenido tiempo. Lo prometo.

Un día, vimos una casa monísima, exactamente hace tres semanas, y decidimos, así en 24 horas, cambiarnos. Está en la misma calle, con lo que piensas, genial para el traslado. Pues no. Porque no te queda otra que hacerlo a pie. Es decir cargar cosas e ir andando por la calle, por la que todo el mundo te ve cuando vas a trabajar vestida de persona pues, vestida de “no persona”: os pongo un ejemplo gráfico: maxi pamela que me regalaron pos mi cumple (puesta en la cabeza porque no la puedes guardar sin que se arrugue), la fregona (idem) ¿dónde la pones si no? TIENES que llevarla en la mano o te compras otra para no pasar vergüenza, pero entonces a eso habría que unirle la tabla de planchar, la escoba, el barreño de la colada… Y no están las cosas como para hacer tonterías por vergüenza. Recapitulemos: pamela, fregona, y una maleta de vaca… calle abajo. Y así no uno sino bastantes viajes. En realidad no muchos, porque vinieron mis hermanos a ayudarnos a J y a mi, y yo sólo ordenaba, no movía muchas cosas. Pocas.

El caso, es que cuando vimos la casa por primera y única vez, nos encantó. Y estuvimos hablando con nuestra actual casera, con la agencia de la actual casera, con la agencia del nuevo piso y con el casero del nuevo piso. Mientras, dando explicaciones a Maruja que no entendía por qué nos mudábamos de este edificio. Porque se nos queda PEQUEÑO. A ver, no me extraña que no lo entienda, y no quiero ser mala, viendo la portería. Pero tranquilos que luego se vengó de mi y bien. Cuento más adelante que me voy por las ramas.

El caso que durante ese tiempo de conversaciones paralelas de cinco bandas que me tragué yo, porque J dice que sólo habla con agencias y caseros cuando haya que pelearse… creo que fuimos idealizando el piso al que íbamos a mudarnos. Es más, yo me imaginaba una nevera a la que no llegaría a las baldas de arriba. Los que conocéis mi casa sabéis que es muy mona (perdón por la falta de modestia) pero muy muy muy micromachine y la nevera tenía el tamaño de una tostadora.

El caso es que cuando volvimos, ya con las cosas me dí cuenta que la pared del pasillo era verde moco. Y mi amiga Marina, sabiendo que no había más que hacer me dijo que había que atreverse con el color (era para consolarme): pero NO considero el color VERDE MOCO un color. No entra en esa categoría. Pero bueno, quizá a pesar de J, empapele la pared.

Fuimos a IKEA, donde casi nos divorciamos. Creo que desde luego IKEA es el foco de divorcios del mundo. Atraviesas la puerta y entras una espiral de malas caras, suspiros y reproches de la que no puedes salir. Al lado de los traficantes ilegales de muebles que hay a la salida de la tienda que te llevan en una furgo los muebles de IKEA a casa, deberían de poner una legión de terapeutas de parejas y abogados para los que no tengan solución. Por suerte, no hizo falta nada de eso. Y todo por unas vinagreras!!!!

En fin, el caso, tenemos casi todo a punto. Salvo el “estudio de J”, donde quiero poner detectores para que no pueda salir ni un ordenador más de ese “cuarto de máquinas”. Pero lo demás está casi listo. Salvo, por el detalle de que llevábamos viviendo ahí una semana y nuestro nuevo casero no lo sabía.  Ayer quiso venir a arreglar una puerta y me llamó y le dije,  ”claro ven cuando quieras” y me contestó que si ya estábamos ahí, que pensaba que no iríamos hasta el 1 de noviembre, lo cual me dejó una sensación de oKupa que alucinas. J me dijo que era una exagerada por lo que me fui a dar un paseo y que por si acaso había llegado la hora de pelarse, fueran ellos dos. La mala suerte, es que cuando llegué a casa, el casero todavía no había aparecido. Al final todo se arregló y obviamente todos le echamos  la culpa a la agencia. Al fin y al cabo, era la única parte que no estaba presente.

A todo esto, esta mudanza ha sido un poco más complicada. Yo estaba empeñada en hacerlo todo de manera organizada, metiendo en cajas TODAS nuestras cosas, limpias y por orden. Y rotular todas las cajas. Muy a lo Mónica de Friends. Ya sabéis que J prefiere mudarse de noche y con alevosía, supongo que para que nadie me vea paseando por la calle con una fregona, una maxi pamela y una maleta de vaca… Su teoría de una buena mudanza era, abrir su armario, coger sus trajes tal cual con las perchas, salir de casa, llamar al ascensor y paserse por la calle abrazado a su ropa, llegar al nuevo piso, subir en ascensor, que le abriera la puerta y tirarlo todo sobre la cama. Repetir varias veces hasta encontrarme tirada a causa de un parraque en mitad de nuestra gran cocina. El caso es que me negué a este formato J de mudanza y decidí ir a la farmacia dos semanas antes a pedir cajas. Me dijeron que fuera el sábado a las 9.30 que el cartonero venía sobre las 10.00. A pesar de las quejas de J le desperté a las 8.30 de un SÁBADO y fuimos a la farmacia. El cartonero ya había pasado. Nos habíamos pegado el madrugón para nada. J me fulminó con la mirada. Fuimos buscando más cajas por la zona, pero YO quería las de la farmacia porque ningunas cajas que encontráramos estarían TAN limpias. Además, el cartonero parecía ATILA, por ahí por donde pasaba, no crecían más cajas. NI UNA SOLA CAJA. No contento con dejarnos sin cajas, de vez en cuando nos cruzábamos con él. Llevaba un carrito de super a rebosar de cajas. Algunas limpias (las de la farmacia!!!) y otras no tanto, con hojas de lechuga y aspecto de mojadas (las de Caprabo). Yo le lanzaba miradas al principio de odio, luego que decían”déjamelas hasta que me mude y te las devuelvo”. Ni caso. El cartonero tiene un corazón de hielo. Pero la suerte se puso de mi lado cuando me encontré con muchísimas cajas relucientes en una esquina de un matrimonio americano con un bebé  que habían venido a estudiar un MBA. Encantada con mis cajas, me fui a casa y me pasé la semana empaquetando. Ahora, J cada vez que ve una caja de cartón se parte de risa, cuando no grita “María una caja!!!!!”, como si fuera cosa de locos querer cajas para hacer una mudanza.

Fui a comprar un marker enorme para poner  a qué sitio correspondía cada caja. Pero mi ilusión era rotular una con la palabra MISCELÁNEA. Como en las pelis cuando se mudan. A mi MISCELÁNEA me suena a planta, pero al parecer en esa caja hay que meter lo que no sabes dónde va. El caso es que debo ser muy lista porque sabía donde iba todo y me quedé sin caja de miscelánea.

Sobre ayudas domésticas

Por fin viernes. Las vacaciones están tan lejos que parece que nunca me fui. Y tengo mucho trabajo. Y bueno no tengo que dar excusas a nadie así que lo confieso. Empieza la inmersión en el mundo de las “ayudas domésticas”. Después de valorarlo con J o más bien dejárselo caer varias veces, he decidido contratar a alguien para que me “ayude con la plancha y la limpieza de la casa”. Espero que esa ayuda, se convierta en no volver a tocar la plancha en mi vida.

Busco en internet servicio doméstico en Barcelona. La primera opción que me sale es la siguiente descripción: chica latina, 34 años, seria. Con una foto al lado que lo único que parece es que no es seria y que estoy en otra parte de los anuncios por palabras.

Pienso. Pienso en Maruja, la segunda porter@ que conozco en mi vida que no se llama Antonio.

Llego a casa. Le comento a Maruja que estoy pensando en contratar a alguien para que me “ayude con la casa”. Utilizo la palabra ayudar porque no quiero que piense que no hago nada y que soy una inútil, aunque mis dedos vendados me delaten. Le pregunto si conoce a alguien de confianza.

En bajo, y haciéndome un signo con el dedo para que me acercara, como si quisiera decirme un secreto, me confiesa (por el tono de voz y las miradas nerviosas a los lados, sólo se podía tildar esta situación de confesión) que ella, ya está haciendo algunos trabajos para los demás pisos del edificio. Porque claro como no le da tiempo a ir a casa a comer… No hace falta que me de explicaciones, de la misma forma que yo no tengo que darlas de por qué contrato “ayuda” para una casa que podría entrar en una tienda de campaña.

Le digo, que gracias y que lo hablaremos tranquilamente.

Llamo a mi madre, a mi abuela y a una amiga (ya entendida en estas cosas que va por la tercera asistenta, lo cual no entiendo, porque obviamente mi amiga es un encanto).

Pros de contratar a Maruja: está en casa. La conozco. Realmente es de confianza. No me la va a liar porque la veo todos los días.

Contras: si me la lía la veo todos los días.

Consejos:

Mi madre: dile que la necesitas menos horas de lo que la necesitas en realidad. Así si vas a más es mejor que si vas a menos. Acuérdate de la propina en navidad. 50€ en un sobre.

Mi abuela: es mejor que le pagues bien por menos horas, a que la tengas mal pagada y explotada. Acuérdate de la propina en navidad. Sobre de dinero con tarjeta.

Mi amiga: Qué suerte. La mía se acaba de ir a trabajar de interna. Es la tercera en dos meses. Me ha dicho que vuelve porque su nueva casa no le gusta. Le he dicho que no la perdono pero que hasta que encuentre a otra puede venir.

Mi abuela y mi madre coinciden en que sobretodo le deja claro a Maruja cuando tengamos “la conversación” que obviamente tengo que consultarlo con mi marido, dejándola entrever que cómo son los hombres y que obviamente él tiene la última palabra. Al fin y al cabo yo sólo soy una chica que trabaja como una negra, que llega a casa y la tiene como una patena (ejem, ejem) pero que tengo que preguntarle a mi marido si podemos tener “ayuda” para la casa. De esta forma, si no sale, Maruja me seguirá queriendo y solo pensará que elegí mal. Me mirará con ojos compasivos cuando vuelva de casa, y pensará que pobrecita. Lo siento por J en caso de que nuestro intento de relación doméstica (entre Maruja y yo) no llegue a nada porque le odiará. En fin, seguro que todo era más fácil en los años 50 porque esto era una realidad. Lo mío sólo es teatro.

Además, el primer día que Maruja cruce la puerta y deje de ser portera para ser “ayuda” de 14.00 a 16.00 dos días a la semana, tiene que estar la casa impecable, como no lo ha estado en la vida, para que sepa cómo tiene que estar siempre. La gastada frase de los baños públicos de “déjalo como lo encontraste”.

En un aparte, es curioso lo de los nombres de los porteros. Mi prima, que está viviendo en Lituania, tiene una portera que se llama Alvyda, cuyo marido se llama Virgus. Ella ha decidido   que  son Virgilio y Olvido. De toda la vida.

Ahora tengo que pensar cómo le tanteo más a Maruja. O como diríamos en mi trabajo, tengo que hacer un approach a la portera. Lo más de lo más. Conclusiones: decirle que la necesito menos de la realidad, que piense que J manda, que vea la casa impecable, y la propina. El discurso, ya lo pensaré.

 

Vuelta al cole

Después de unos meses silenciosos y debido a algunas peticiones, aquí estoy de vuelta. Vuelta de vacaciones, vuelta a Barcelona y sin saber si renovar el contrato de mi piso o cambiarme. De estas vacaciones me llevo 14 puntos en los dedos por fregar. Se me rompió un bol de cristal en las manos. Había tanta sangre que mis primos pensaban que habíamos descabezado un pollo. No sé en qué momento de sus vidas habrán visto descabezar un pollo, si es que el término es ese. Fui como una valiente (de la mano de mi madre) al hospital. El día que pasó esto, estábamos en casa con todos mis primos, mis tíos y mis abuelos. Mi abuela que por suerte es enfermera, me limpió los dedos y me mandó al hospital a que me lo vieran. Me dijo que no me iban a poner puntos por lo que accedí a ir. 14. En el hospital me pincharon en las heridas (emoticono) para ponerme la anestesia. Me pusieron una barbaridad de puntos y todavía sigo sin poder fregar. Creo que no lo haré nunca más. Unos dicen que es la falta de práctica. Por si acaso, no quiero practicar más. Así que aquí estamos de vuelta en Barcelona. Espero que este “curso” sólo traiga cosas buenas. O eso, o un lavaplatos.

Un año

Hoy cumplo un año en Barcelona. Hace un año llegué con una maletita y llorando como una magdalena. Ahora ya tengo miles de maletas y lloro mucho menos. Por lo menos, por lo menos, la décima parte. Llegué un poco desastre. Ahora sé hacer tortilla de patatas y más de cinco amigos, tampoco muchos más. Poco a poco… El año que viene, tendré mil amigos y habré abierto una cadena de restaurantes de comida casera, habré aprendido hacer las bolsitas de olor para los armarios y no lloraré cada vez que vuelva de Madrid. Este año me he mudado dos veces de casa espero el que viene no hacerlo ninguna, aunque ya estoy pensando que esta casa es muy pequeña.

Ahora tengo que plantar (¿?) yo que no me gustan las floras las jardineras de mi terraza. Además tenemos que comprar muebles monos de jardín (tampoco es enorme pero caben unas sillas y una mesa o unos sillones bajitos…). Es el objetivo de los siguientes meses. Dejar la terraza NIQUELADA. Ahora mismo parece un parque de yonkis. Dos sillas de plástico más que sucias, una mesa coja de plástico y las jardineras vacías.

Y sobre la votación del domingo, si quieres independizarte, vete a Andorra. Deja de tocar las narices.

Canturreando

Hoy mi amiga del curro Marta, me ha dicho que soy la persona que haya oído que peor canto en el mundo. El caso, es que no es la primera persona que me lo dice, entre otros, mi madre que dice que tengo un oído en frente del otro. El caso, es que yo sigo en mi empeño y sigo cantando, si puedo, cada vez más alto. Canto en el trabajo y en la ducha principalmente. Y si voy por la calle con cascos también cascos. Típico de motivada. Seguro que todos los que vais por la calle con cascos y ponen una canción chula os motiváis. Pero entonces canto en bajito. No pegando vozarrones. Por lo que a lo mejor se disimula más.  También pinto fatal al parecer.  Mi madre dice que es que tenemos manos de trapo.

El otro día me estaba tomando un café, precisamente con Marta-María-eres-la-peor-persona-que-he-oído-cantando, en una terraza y de repente una señora mayor salió de dentro del bar y le preguntó a una chica que estaba sola en la mesa de al lado, si se podía sentar con ella sólo para fumarse un cigarro. La chica le dijo que NO. La verdad es que flipé. Luego nos lo preguntó a nosotras y le dijimos que sí.  Se sentó, fumó y se fue dándonos las muchas gracias. ¿Tanto costaba estirada de al lado? La pobre señora no tenía ninguna mala pinta ni nada, salía de tomarse un café dentro y como a mí, no le debe gustar fumar andando. Odio fumar andando. No sé por qué. Mi padre una vez me dijo que era cosa de mujeres. Me refiero que al sexo femenino, no le gusta andar y fumar a la vez. A mi desde luego, no.

Este fin de semana nos vamos a Madrid. De hecho en una hora estaré cogiendo el AVE.  No cantaré.

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