Creo que la teoría de la relatividad fue descubierta por un hombre para los hombres. Todo para ellos es relativo. Y por encima de todas las cosas, para ellos son relativos dos conceptos que a mí me parecen del todo ABSOLUTOS (el primer antónimo de relativo que aparece en mi diccionario): la suciedad y el tiempo. A lo que añadimos los verbos querer y tener que.
Pondré ejemplos. No personifiquéis en J, creo que en este caso, podemos generalizar pero tranquilamente. Y el que no lo haga, que no se sienta identificado ni entre en cólera.
Este fin de semana, han venido mis abuelos de visita. Quería tener la casa perfecta, la cena perfecta y todo perfecto.
Viernes noche, hago un bizcocho de zanahorias. Hago la lista de la compra para un arroz caldoso que quería preparar para cenar el sábado. J va la compra. Vuelve con cara de triunfo, pero con en vez de lo que le había pedido, otra cosa. Hay que explicar, que a J no le gusta nada el pescado, por lo que todo lo que viva por debajo del nivel del mar, le importa tres pitos. Por eso, en vez de 300 gramos de almejas, trajo 300 gramos de almejas más grandes porque de las “normales” no tenían: abro la bolsa y me encuentro mejillones del tamaño de un Ford Fiesta. Por suerte no trajo trescientas merluzas. En cualquier caso, ese no es el tema.
Para explicarlo un poco mejor, pondré un ejemplo de cómo verían Marina y José Luis lo que pasa el sábado por la mañana en una casa ante la visita de un familiar:
Marina: mañana hay que levantarse pronto porque hay que limpiar y dejar la casa perfecta.
Lo que José Luis oye es en vez de un “hay que” es un “quiere” (del verbo querer, de que le apetece, por lo que si le apetece que lo haga, porque no “hay que”). Es decir para José Luis, Marina dice: “Mañana QUIERO (es más lo estoy deseando) levantarme pronto porque quiero limpiar (no porque la casa esté sucia, sino porque así es como mejor paso yo los sábados por la mañana) y cocinar, porque QUIERO cocinar en vez de traer unas pizzas).
Por lo tanto Marina se levanta pronto, según José Luis ha entendido, porque quiere.
Segunda parte: José Luis no soporta el pescado, por lo que Marina que lo sabe, hace todo lo que puede por la mañana, sin empezar a cocinar para que no se levante apestando toda la casa a marisco.
Como José Luis el sábado por la mañana no da señales de vida y parece que más que duerme, hiberna, Marina le lleva el desayuno a la cama porque TIENE (del verbo tener no querer) que empezar a preparar la comida que lleva pescado y no quiere (del verbo querer, no tener) que su maridito desayune tranquilamente sin que parezca que está en una piscifactoría y el zumo de naranja se convierta en fumet.
También se lo lleva para ver si así, siendo ya las 12.30 se levanta.
José Luis abre un ojo y le da las gracias, por lo que intuimos que sigue vivo. Se da la vuelta y sigue durmiendo.
Marina se pone a cocinar. Cuando termina sigue limpiando. 13.30 y los familiares llegan a las 15.20.
13.45 José Luis se levanta. Entra en la cocina y ve la cocina hecha un desastre fruto de que está habiendo mucha actividad por ese sector de la casa. Una aspiradora plantada en el pasillo, y “herramientas” de limpieza.
“Me voy a la ducha”, dice con una sonrisa de recién levantado.
Marina se mira a sí misma, apestando a la maravillosa cena, con una escoba en la mano y hecha unos zorros.
Cuando ya han pasado tres cuartos de hora, Marina se acerca al cuarto y se encuentra a José Luis metido en la cama después de ducharse.
Se pone morada. Se le suicida la cara. Y en ese momento José Luis entiende que no es QUIERE si no HAY QUE. Se levanta y murmulla “Pero… ¿qué había que hacer?”. La respuesta de Marina es seca: limpiar y cocinar.
José Luis dice “ah bueno, pero si tenemos tiempo”… 14:45. A lo que Marina responde “TENEMOS tiempo porque yo he empezado a las 11.00”, sino lo hubiera hecho, tú no tendrías tiempo.
A lo que José Luis responde que la casa no está tan sucia. Efectivamente no está tan sucia. Pero lo está un poco. Y para que no esté TAN sucia, hay que limpiar hoy.
Conclusión: los hombres oyen lo que quieren. El umbral de suciedad es relativo para ellos. Sucio no existe. Existe TAN sucio para justificar o ASQUEROSO, cuando ya no se puede ni respirar. No entienden que para que nunca esté ni TAN sucio ni asqueroso, ni siquiera el nuievl de suciedad que ellos consideran como acogedor, hay que hacer algo con una determinada periodicidad.
Para los hombres no existe HAY QUE. Hay que será porque quieres.
Y para los hombres, siempre hay tiempo. Porque una hora de un hombre, tiene 120 minutos, y no 60, si su mujer se levanta una hora antes.
Lo peor de todo es que estoy convencida de que José Luis realmente no ve la suciedad y realmente cree que tiene tiempo.
A mí que no me digan que somos iguales.